-¿Qué es una empresa?

-Un vehículo para cumplir sueños. El de quién o quiénes la crean; el de los colaboradores; el de la organización en sí; el de los proveedores y hasta llegar a los clientes y consumidores. Hay que recuperar ese concepto. Si no lo vemos así, estamos perdidos. Sólo se buscaría rentabilidad, pero no transformación.

Con Israel Cinman, el tiempo no transcurre. Las reflexiones del director del Instituto Cinman, consultor y entrenador de líderes tienen la esencia del hombre del interior, de su Termas de Río de Hondo natal, pero también de aquel que ha recorrido 100 países del planeta para ayudar a los “homeless”, a las comunidades indígenas y a refugiados, hasta entrenar a los principales ejecutivos de las multinacionales. Invitado por la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE Tucumán), el entrenador dio una charla sobre “Del miedo al sentido, crónica desde adentro de la guerra”. En la oportunidad concedió la siguiente entrevista a LA GACETA en la que, además de definir el concepto de empresa, se refirió al liderazgo, a la diferencia entre inteligencia y sabiduría y al temor del individuo a vivir.

-¿Qué significa ser un líder?

-Cuando mencionamos al líder nos referimos a una persona que crea un mundo donde la gente quiere pertenecer apasionadamente, frente a una crisis de pasión. El liderazgo tiene que ver con la creación de un nuevo mundo. Es una persona insatisfecha, estructuralmente, porque pelea por algo nuevo y que breva en un montón de áreas, sobre todo en el arte, porque los hace libre. En Tucumán hay muchas expresiones de personalidades del arte que estaban fuera de la época, como Lola Mora. El arte es un conector extraordinario, como el idioma, que te abre al mundo. El líder es una persona que sigue estudiando hasta el último día de su vida y sigue haciendo cosas. Es más territorio y menos escritorio. Incorpora sabiduría a la inteligencia. La sabiduría tiene el impacto de que te deja un concepto para pensar, mientras que la inteligencia te hace un gran desarrollo de algo ya hecho. Creo que en el complemento de esas dos estructuras es donde tenemos que trabajar.

-En el caso de la política, faltan líderes. La sociedad no se refleja ni se identifica, como antes, en sus dirigentes...

-Los liderazgos son muy escasos a nivel político. Diría que hasta está desierto ese espacio. En medio de ese escenario, también admito que se generan oportunidades, siendo más propositivo, porque los líderes deben reflejar qué es lo que quieren cambiar; se trata de un nicho que nadie lo está tomando. Y, ojo, que también hablo de la mujer, que también tiene su espacio. Semióticamente, tenemos que modificar algunos aspectos, como aquello que, detrás de cada hombre hay una mujer. No es así; está a la par. Creo que hay dogmas que persisten, que quedaron en el lenguaje y, si no hacemos higiene verbal, porque la palabra no es inocente, no avanzaremos en la inclusión, en la igualdad de género. Toda persona lleva en sí a un líder.

-Su experiencia en guerras y secuestro (NdelaR: lo padeció en Bogotá en manos de la FARC), lo llevó a cambiar la visión de la vida...

-Puede sonar romántico, pero soy pragmático a partir de aquella experiencia que tuve. Uno se conecta con la muerte de manera permanente. Y eso nos lleva a pensar que todos los días nos estamos muriendo, cuando el verdadero pensamiento tendría que ser que todos los días estamos viviendo. Digo que es necesario cambiar el chips de creer que somos infinitos, pero somos fundamentalmente finitos. En las adversidades también se generan oportunidades.

-Entonces, ¿por qué nos predisponemos menos a vivir plenamente cada día?

-Porque tenemos miedo. No nos enseñaron a vivir; tenemos terror a vivir y, puntualmente, también a perecer sin haber vivido. La inmensa cantidad de la gente nació, pero no vivió, tomando en cuenta aquel concepto de dejar a este mundo un poco mejor y de haber sido aunque sea un poco feliz, de estar en plenitud un momento, de estar presente. Una gran cantidad de personas no lo está y no hay placer. La búsqueda actual de esos momentos es casi hedonista, como nunca antes la tuvimos. La gente prácticamente está presente en los gimnasios, porque tiene una necesidad de parecer más que de ser. El éxito está en ser, no sólo en parecer. No es al revés la ecuación. Nos hace falta una investigación interna, haciéndonos preguntas existenciales. De dónde vengo, hacia dónde voy y por qué estoy aquí. Propósitos. Son preguntas necesarias en la búsqueda interna de la identidad humanitaria. Esto suele darse en los niños, pero no es un patrimonio exclusivo de ellos. Ellos tienen una visión diferente, un registro del otro, una visión comunitaria, pero a la vez luchan con un sistema educativo creado para un mundo que ya no está.

-Uno de sus conceptos es que el ser humano crea enemigos afuera cuando no sabe dialogar con sus sombras internas. ¿Cómo plantear ese dilema?

-Tenemos un momento histórico porque se vuelve a instalar la necesidad de tomar conciencia de la importancia del trabajo interno del ser humano. Y es donde juega la libertad, que no se consigue desde lo económico, sino que se trata de un proceso interno para registrar al otro. Antonio Gala decía que a la libertad no hay que confundirla con la autonomía, porque la primera se ejerce con otra persona. El ejercicio con otra persona implica un trabajo personal de cada uno y de la sociedad toda. Con un mundo con tanto conflicto, creo que hay que trabajar en una espiritualidad ecuménica, ya que el diálogo interreligioso puede contribuir a calmar al mundo. En Tucumán o en Córdoba hay experiencias extraordinarias en las que se pueden encontrar coincidencias para registrar al otro. Eso es la espiritualidad. Una guerra bélica o interna elimina al otro.

-¿Cómo debemos pararnos ante la Inteligencia Artificial?

-La IA vino para quedarse. Cuando pasó lo de la luz eléctrica, las huelgas las hacían las fábricas de velas. De ellas, el 50% se fundió, pero la otra mitad se reconvirtió. La IA viene con la capacidad de preguntar; el prompteo (instrucción que se le brinda) es lo que vale. Nos obliga a hacer preguntas potentes.

-¿Qué pasará cuando la IA sea más proactiva?

-Lo será; tendrá más autonomía y eso significará un gran quiebre para la humanidad. Habrá una humanidad AM (que no se adaptará) y otra FM (que se subirá a esa tendencia). No creo que se pueda apagar. Pero la gran diferencia, insisto, la marcará aquel que haga las preguntas más disruptivas, las que nos hackea, y será el auge de la filosofía, como el que se está viendo en estos momentos, en los que algunos pensadores llenan salas de teatros.